Ni lejos ni en la superficie
Hace unos cuantos días que pienso en un tema que es recurrente en mí: la
relación profunda que debe existir entre la sociedad y la educación
formal que se desarrolla en ella.
No es un tema nuevo. No es una originalidad. Muchos ya han escrito al respecto y es bueno recordarlo.
Ni
la educación formal - entendida como la que consideramos curricular,
brindada por los centros educativos- ni la no formal y la informal han
de trabajar alejadas de su contexto. Dicho así suena a perogrullada,
claro, algo sabido y repetido hasta vaciarse de contenido. Entonces:
¿qué significa esto, la sociedad y las formas educativas trabajando
entrelazadas? Que no podemos seguir pensando en que se enseña para
seguir las directivas que imponen los programas de curso o las
autoridades. Que debemos pensar la educación en un mundo de pensamiento
laberíntico que cambia, destruye, inhabilita o resalta paradigmas a
gusto.
La tecnología avala y autoriza a todos quienes deseen
escribir, expresar o intercambiar opiniones con el solo freno de que las
leyes prohíben o se denuncia. Por esa razón desde todos los niveles,
más allá de los contenidos (ciencias formales, ciencias sociales, arte,
deportes), hay que poder intercambiar y discutir con fundamento, con
argumentación, y fomentar no solamente las opiniones que salen del
corazón, de los supuestos o del imaginario, sino las opiniones fundadas,
reflexionadas.
Trabajar en el intercambio de opiniones es una
maravillosa oportunidad brindada por los sistemas democráticos de
gobierno. No nos quedemos en las frases hechas y conciliadoras de
diferencias como lo son: "trabajar en valores", "fomentar la
tolerancia", "respetar las opiniones", entre tantas otras. Trabajemos
como docentes en reconocer formas y contenidos de los discursos. No nos
quedemos ni lejos de la sociedad ni en su superficie; vayamos más allá
de la cáscara de las palabras. Hinquemos el diente.
"Las palabras nunca son inocentes" pregona el filósofo Javier Sádaba. A partir de esta premisa empecemos a reflexionar.
Hasta entonces.
domingo, 30 de septiembre de 2012
viernes, 21 de septiembre de 2012
Un cuento.
Este relato lo escribí en 1997. Forma parte de un breve libro con cuentos protagonizados por mujeres pero no son feministas. Estas mujeres que nos muestran una escena de sus vidas son comunes y corrientes, uruguayas de fin de siglo XX. No hay nada espectacular en su agenda diaria. Quizás, así lo deseé en ese momento y ahora también, puedan ser fiel reflejo de muchas ciudadanas cuyas vidas son parte de un fresco cotidiano, sin extremos.
Por alguna razón le tengo especial cariño.
Espero que lo disfruten.
Hasta entonces
Por alguna razón le tengo especial cariño.
Espero que lo disfruten.
Hasta entonces
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CELINA
Celina
cerró la puerta detrás de sí.
Volvía
de hacer los mandados de fin de semana. El carrito de la feria hasta
el borde de cosas.
Una
carterita, donde llevaba el dinero, cruzando el pecho en bandolera y
el saco de lana remangado.
Llevó
el carro hasta la cocina.
Metió
la leche y los huevos en la heladera que se veía bastante vacía.
-
¡Pero...! - exclamó y pensó en voz alta.
- Me
olvidé de la manteca. Bueno, después voy y ya traigo el queso y el
fiambre.
Cerró
la heladera.
Se
descolgó el monedero y lo dejó sobre una repisita junto con las
llaves.
Se
quitó el saco.
Sentía
calor.
Con las
dos manos retiró el mechón de pelo gris que le caía sobre la
frente.
Se
sentó junto a una mesa cuadrada cubierta con un mantel de algodón
color amarillo pálido sobre el que se lucía un ramo de violetas en
un pequeño florero transparente.
Era
sábado.
Una
brisa agradable movía las cortinas de la ventana semiabierta.
La
mañana estaba clara y fresca.
Tomó
aliento.
Se
levantó y prendió la radio que había sobre la mesada, bajo la
ventana.
“...
continuamos en la mañana de su radio. Para usted, para que se quede
junto a nosotros hasta el mediodía compartiendo notas, comentarios y
buena música..." - decía un entusiasta locutor que llenó con
su clara voz el ambiente y dejó atrás el metálico tic- tac del
reloj de pared.
“Antes
de las noticias de la diez, anunciamos la entrevista a la escritora
Celina Cáceres con quien vamos a conversar de la aparición en
nuestro país, de su novela "Como una sombra". No se
vayan. Los esperamos luego de Las diez de las diez. "
Celina,
se lavó las manos en la pileta y las secó con un papel desechable.
Encendió
la cocina.
Puso un
poco de agua en una caldera reluciente y la llevó a calentar.
Tomó
una taza y un platillo. Le colocó una bolsita de té. Le vendría
bien uno mientras escuchaba la radio.
Alberto,
su marido, estaría escuchándola en el negocio.
Después
iba a ordenar todo lo que había traído para guardar en la heladera
y prepararía el almuerzo.
De
todas formas, Alberto no llegaría hasta casi las dos de la tarde.
Sus
hijos, Jorge y Gabriela y tal vez Valentina, que era la mayorcita de
los nietos, a lo mejor, si podían, iban a escuchar. Celina estaba,
de eso, casi segura.
-
¡Pucha! ¡Qué ridícula! - pensó - Soy una vieja. No puede ser que
me ponga nerviosa... ¿Qué dirán los chiquilines?
Los
chiquilines eran sus dos hijos ya casados y con hijos a su vez pero
para ella seguían siendo los chiquilines.
“Estas
fueron Las diez de las diez. Volveremos en una hora".
La
música anunciaba que seguía el programa.
El agua
hervía. Celina apagó la cocina y mientras escuchaba, llenaba la
taza.
“Continuamos
en la mañana de su radio. Vamos a la nota prometida con la escritora
compatriota Celina Cáceres, a propósito de su último libro, "Como
una sombra", de reciente publicación."
Celina
tomó asiento junto a la mesa, otra vez.
Desplegó
un mantelito colorido sobre el que apoyó el té humeante.
Subió
un poco el volumen de la radio.
- Total,
estoy sola - pensó.
“Celina
Cáceres, es un gusto para este programa compartir con usted este
rato aquí en: Hoy conversamos de... libros y autores, en este caso.
Bienvenida."
“Muchas
gracias. Estoy igualmente encantada de estar con ustedes y con su
audiencia que sé que es muy grande."
Celina
se oyó extraña.
Tomó
un sorbo de té.
“Su
reciente novela, "Como una sombra", ha despertado el
interés de la crítica y está teniendo gran éxito. ¿Un escritor
escribe buscando el éxito?”
“Un
escritor escribe para comunicar, escribe para entretener, escribe
para conmover, escribe para denunciar, escribe por placer, escribe
como impulsado por una fuerza extraña que lo lleva a tomar el
papel..."
“O
la computadora"
“En
mi caso, el papel. Escribo con lápiz, me gusta ver cómo las
palabras salen corriditas como si el lápiz tuviera algo de
mágico..."
"¿Y
también...?”
“Perdón
que lo interrumpa. También me gusta usar goma de borrar, al viejo
estilo.”
“Celina,
nos decía que un escritor se siente impulsado por una fuerza
extraña."
“No
sé si a todos los escritores les pasará lo mismo. No lo sé...”
Celina
susurró, mientras tomaba otro poco de té.
- ¡Qué
horrible! ¡Qué papelón! Soy un desastre. Cómo pude haber dicho...
Debí decir que las razones que llevan a escribir pueden ser tantas
como escritores hay. Que yo escribo porque me gusta... poemas y
cuentos para mis hijos cuando eran chicos. Poemas que publiqué
cuando hice aquel seminario en el 65 o aquel concurso en el 72.
El
periodista en la radio la interrumpió.
“...con
buen elogio de la crítica. "Como una sombra" es una novela
corta que nos habla un poco del desencanto. ¿Es una novela con un
fondo romántico?”
“Los
personajes de la novela son personajes desencantados y románticos a
la vez, en la búsqueda de un mundo que no llega, solitarios..."
- Claro
que sí - pensó Celina - solitarios.
Sonó
el teléfono.
“Usted
nos decía, fuera de micrófonos, que su otra profesión es la de
Asistente Social, cómo fue que..."
Volvió
a sonar el teléfono.
-
Que atienda el contestador - pensó. - Ahora no estoy para hablar de
las enfermedades de mi tía Julia. ¡Pobre tía!
“...escribiendo
poemas" decía la voz de Celina en la radio.
“Precisamente,
su segundo libro de poemas ganó el Premio Especial del concurso
realizado en 1972 por el...”
El
teléfono seguía sonando.
- ¡Dios
mío! - pensó Celina - ¿Tendré que atender?
Oyó el
clic de contestador que realizaba su labor.
“Enseguida
regresamos a "Hoy conversamos de..." Nos acompaña la
escritora Celina Cáceres."
Justo
cuando comenzaba la tanda comercial oyó la voz de su hijo en el
contestador. Se encaminó hasta el living.
Se
detuvo, escuchando.
- Mamá,
soy Jorge. Te llamo porque quería saber el día y la hora de tu
entrevista en la radio. Avisame. Hasta luego.
- No lo
puedo creer - dijo Celina para sí. - Este muchacho.
Y en
voz alta dirigiéndose al contestador añadió
- Ahora,
Jorge. La entrevista es ahora y estoy segura de que te lo dije. Hasta
luego. Besos.
Meneó
la cabeza, se sonrió y volvió a la cocina, justo cuando se retomaba
la entrevista.
“Celina
Cáceres, escritora uruguaya, nos visita hoy a propósito de su
última publicación "Como una sombra". Celina , hablamos
de una larga trayectoria como escritora y de su profesión de
Asistente Social, una tarea a la que dedicaba, nos contaba que se
jubiló como tal, tarea a la que dedicaba, decíamos, también parte,
horas de su vida."
“Sí,
claro. Mi esposo y yo trabajamos muchas horas, siempre, para mantener
la casa. Mi vida no es de esas espectaculares, de escritor de best-
sellers. Lo digo sin resentimiento de ningún tipo. Mi vida es como
la de cualquier mujer que debió trabajar, cuidar la casa, criar
hijos y, afortunadamente ahora ayudar en el cuidado de tres nietos
adorables.”
"¿Es
difícil, trabajar horas fuera de la casa...?”
“Y
horas dentro de la casa."
“Claro
que sí. Atender una familia, como usted decía. Y escribir. ¿Cuándo?
¿En qué momento? ¿Cómo se encuentra la inspiración?”
“La
inspiración está en la vida misma. Mi profesión me llevó a
conocer muchas realidades. Algunas muy duras. En cuanto al momento,
hay que procurarlo. Se puede. Por otra parte ahora tengo más tiempo
que antes. Son los privilegios de envejecer."
Celina
oyó su propia risa breve y alegre y la del periodista, a través de
la radio y sonrió. Esa era una de las cosas en las que creía
firmemente. La jubilación la había dejado con menos plata pero ¡por
suerte! con más tiempo.
“Los
personajes, y así volvemos a "Como una sombra", ¿son
recogidos de esas realidades que le tocó conocer?"
Celina
recogió la taza. Tiró el té sobrante en la pileta. Sacudió el
mantelito. Lo dobló.
No
escuchaba la radio. Pensaba y la memoria la llevó a esas tantas
veces en que no tuvo tiempo para tomar un lápiz y un papel.
¡Cuánto
tiempo pasó sin escribir!
Sin
embargo se acordaba que cuando Gabriela era chiquita había escrito
los "Poemas de la noche" que había llamado así cuando
muchas horas en la madrugada de lejanos días no había dormido
cuidándola de una molesta eruptiva.
Se
acordaba de lo tímido que era Jorge en la escuela y cómo se había
puesto colorado cuando la maestra de cuarto año la había invitado a
la clase para presentarla, a los niños, como la autora de aquel
poema que estaban estudiando. Porque ella era para Jorge, eso, la
mamá. Los escritores eran otros.
La voz
del periodista, joven y vehemente, sacó a Celina de sus
pensamientos.
"
''Como una sombra'' se ha convertido en un éxito y el nombre de
Celina Cáceres está, hoy por hoy, en casi todas las librerías.
Cómo vive ese éxito?"
“Con
una inmensa alegría, claro. Con calma, también. A veces los éxitos
son muy fugaces."
“Celina,
un mensaje para las mujeres que nos escuchan."
“Yo
no quiero discriminar, ni discriminarme. No hay un mundo de hombres y
otro de mujeres. No hay un mundo de escritores y otro de escritoras.
Tal vez haya visiones diferentes del mundo, del mundo que es de
todos. Juntos. ¿Mi mensaje? La vida empieza siempre."
Celina
pensó
- Debí
decirles a todas las mujeres, que podemos, que somos fuertes, que
estemos donde estemos y hagamos lo que hagamos, nos reconozcan o nos
desprecien, nos castiguen, nos idolatren o nos usen, somos tan
indispensables como los hombres, que tenemos nuestros propios
perfiles, que no debemos perder de vista...
Sonó
el teléfono. Celina pensó inmediatamente, ¿será Gabriela o
Alberto? ¿Qué dirán? ¿Les habrá gustado?
Corrió
a atender
-Hola...
¿Cómo estás, Julia? ¿Cómo amaneciste?...Sí, claro. Te tenés
que cuidar... y... un poco el reuma. Tenés que tratar de caminar un
poco. Claro, tía. Decile a Mónica que te acompañe y das una
vueltita antes de que se vaya.... No, mañana no podemos ir. Vienen
los chiquilines a comer. A lo mejor vamos con Alberto un ratito esta
noche y conversamos. Bueno...bueno...Claro, sí... No, no, nada
importante. Venía de hacer los mandados. Estoy arreglando un
poquito. No, Alberto está trabajando. Viene luego a almorzar. Bueno,
tía...quedate tranquila... sí... nos vemos luego. Un besito. Chau.
Cortó.
Miró hacia la cocina y vio el carrito de la feria esperándola.
Llegó
cuando el periodista decía:
“Continuamos
en la mañana de su radio para pasar revista a los mejores
espectáculos del fin de semana"
Celina
se puso el delantal. Empezaría por lavar las frutas.
Setiembre,
1997
(de
“ESCENAS” - 12 relatos con mujeres)
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