JUNTOS
Mauricio
solo pensaba en dibujar... dibujaba... dibujaba siempre. Siempre
que estaba despierto, aunque dormido también soñaba que
dibujaba.
A
veces imaginaba enormes nubes blancas y esponjosas, como de
espuma.
Dibujaba
en sueños caballos con alas y supernaves extraterrestres;
soñaba que volaba en sus dibujos, que sub¡a enormes escaleras,
espada láser en mano, a pelear con el dibujo gigante de un
dinosaurio terrible, o que le met¡a un golazo al arquero con cara
de malo del cuadro contrario en el ángulo de la red cuadriculada
a regla.
Dibujaba
en los vidrios empañados del ómnibus cuando iba a la escuela, en
la arena de la playa, en las servilletas de papel, en las tapas
de los cuadernos de clase y en el aire cuando se acostaba por las
noches.
Mauricio
imaginaba, copiaba, creaba y recreaba.
Su
cuarto tenía las paredes llenas de hojas coloridas, también la
cocina de mamá y el taller de papá.
- Es un...! -le
gritaba su hermano. - Andrés! -cortaba la mamá cuando éste le hac¡a bromas y se burlaba porque él, Mauricio, prefería dibujar a jugar a la pelota.
Es
que Mauricio prefería dibujar a cualquier otra cosa.
- Precioso dibujo! -le dijo una voz y enseguida una cabeza con pelo
largo asomó por la copa del árbol.
Mauricio
estaba sentado en el suelo, con la espalda apoyada contra el
tronco nudoso y viejo. Miró hacia arriba.
- Hola! -dijo
Mauricio -¿Que hacés ah¡? - Trepo y camino. Se ve tan lindo todo desde acá arriba. ¡Qué bien dibujás!
- Gracias -dijo Mauricio.
- Tengo nueve ¿y vos?
- Nueve -contestó Mauricio.
- Voy a bajar. Solo a ver el dibujo.
Silvina
bajó del árbol con gran agilidad, luego se sacudió con las
manos las bermudas y la remera y se sentó al lado de Mauricio.
- Qué bien
dibujás -repitió.- A mí... yo no sé. Lo que más me gusta es
subir a los árboles, correr, jugar a la pelota. Dibujar no
sé. Mamá dice que las niñas no suben a los árboles.
Algunas niñas me dicen que yo soy... no sé por qué... si
quieren decir...
Mauricio
la miraba.
Pensó
- Si me dice de subir al árbol me muero.
Y
Silvina pensó - Que no me diga que dibuje.
- ¿Querés
trep-dib-ar-ujar? dijeron Silvina y Mauricio a la vez. - Nn-oo, gra-gra-cias-cias -dijeron juntos otra vez. Y se rieron juntos también.
- Yo te enseño - dijo Silvina - no es difícil, hay que tener cuidado y elegir árboles fuertes. Yo te ayudo.
Mauricio
no dijo nada. No sabía qué decir. Silvina era tan linda.
- Subí vos -dijo
por fin - Yo te miro.
- Subí conmigo.
Yo te ayudo.-afirmó Silvina.
- ¿Y después
dibujamos?
- Yo no sé.
-dijo Silvina
- Yo te ayudo -
sonrió Mauricio.- Dibujar es GENIAL!... como subir a los
árboles.
Aquella
tarde el follaje verde se rió con ganas.
Y,
aunque no era otoño todavía, cayeron dos hojas del árbol
viejo... dos hojas de papel llenas de color.
Publicado para ediciones ROSGAL - Año 1994
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